Rock

No ha sido un mal día. 

No llegó a sonar el despertador. El recuerdo de la noche anterior no decía nada, sólo un ligero amago de dolor extraño de cabeza. Media vuelta remolona, para poner una cuenta atrás de minutos que no se llegó a completar. 

El hervidor, comenzó con su sonido de urgencia y calor forzoso, mientras, los toldos se debían haber dedicado a dar sombra a la noche, subidos o bajados por una extraña conciencia desconocida. 

Jengibre y limón, como si fueran a deshinchar la noche.

El fresco del agua, devolvía a la realidad buena, aunque el chorro era cálido, los recuerdos de cañerías que conservan el calor, arrancó una sonrisa de recuerdos de patios andaluces. 

No iba a dar tiempo al desayuno formal, ese de pan, aceite y ajo arañado. Pero si a preparar con Amor el bocadillo sobre pan de trigo, con todo lo rico que había cerca. Una manzana jugosa, y sándwich de salchichón y queso con gotas de AOVE de las Malezas, gazpacho y a la mochila.

Antes Rock, y casi por descuido intencionado, no le doy las pastillas que tanto agradece. Es admirable el Amor que encierran 44 kilos de pelo y huesos, coronados con una sonrisa, mirada honesta y las orejas que siempre invitan a tender unas coletas. Es Rock, es Amor, es gratis.
La mañana saludaba con el fresco que precede el aliento del verano en Madrid. La parada, me recibe con el bus esperando, y el trayecto hasta la boca del metro es un tiempo de miradas, olores y tentaciones. El tren, no espera, pero tampoco tarda demasiado en aparecer en la oscuridad los ojos rasgados del vagón de mando. 

Rock

Asiento, y ahora esperando a recordar, todo debió pasar rápido o largo, con el único recuerdo de la mujer joven con la falta vaporosa estampada, y el hombretón de color que compartía su olor intenso con la cercanía.
Sonó de repente, y tampoco se el por qué, Paz Carrara. La dulzura de su voz, convertía el himno de la entrega sin peaje, sin condiciones, y recordé.

Hay personas necesarias, luces tenues o abrasadoras que emergen en la oscuridad de la rutina sin piedad, cual elefante en cacharrería, caos que ordena desde la sencillez de la sonrisa, y nada más. Miradas que muestran un abismo al que no temer, pero que es pura realidad, pura Vida, con su futuro por escribir, su pasado para aprender y su presente de dolores y esperanzas. Aún así, y como es el presente del tiempo, luces y luz que equilibran vacíos. 

Pasee entre árboles, me permití dejarme empapar por los aspersores del jardín, miré el cielo, olfateé la hierba y volví a mirar el banco en el que me senté a ver pasar sin más. 

Luego acabó la canción, vieron las voces de unos y otros, el trabajo, y el olor a café. También los llaveros en la mesa, y el vacío físico, que no de la presencia, que me devolvió la sonrisa de quien me recordó el Valor del momento compartido, de la canción, de cada instante.

Recordé la frase de la canción:

“Te doy mi tiempo, llevas momentos que se guardan en el centro, 
de mi alma, en silencio, 
.. plenamente yo te ruego, que perduren, 
por centenios”

El día pasó, con brisa flamenca, me comí mi bocata hecho con cariño, sonreí, me desenfadé por nada, y hasta firme un papel con una llave, que no pude evitar ponerle un llavero con un patito …

Gracias.

Hoy pude escribir, escuchar y mañana os contaré el final. 
Pasaron más recordatorios del aquí y ahora, y de que la Vida es un regalo en tiempo real, sin justificación para desperdiciarla.

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Hola

Cómo pueden los gestos del Alma cambiar el Color.

Como una canción caída en aquel momento, ese detalle imperceptible, esa palabra, bien o mal colocada, una sonrisa, el viento singular entre las alas de una mariposa…

La magia de los movimientos en el tiempo, la caída de las hojas al ritmo de segundero tranquilo. Siempre igual, siempre, jamás podrá tener más o menos prisa. Es.

Encontrarás jirones por..