A veces te despierta un destello. Un haz de inquietud que se busca paso entre un descuido y te deslumbra.

Te das cuenta que esa canción no es la que tú quieres, que la camisa no habla de ti, o que este olor o ese lápiz no quedan bien en el escenario.
Porque sí, te ciega el foco del tablao, con su fondo bien decorado y el atrezo fingiendo ser algo más que cartón piedra.

No, no te puedes sentar, no puedes hablar de ciencias infusas o complejos algoritmos. Te delata la elocuencia de sentimiento real, que sale, que muestra el atisbo de ti, de lo que corre por tus recovecos. Lo que te mantiene vivo.
Hay que ser, hay que estar tal cual.
Tienes que escuchar el silencio de tu canción del momento, o quedarte con la camiseta del ojo, o la silla maltrecha que tanto te recuerda.

Tienes que pintar tu monigote simplón y disfrutar de saber que nació de ti, de tu tal cual, sin que le tenga que gustar al público, …

Porque no vivimos para nadie, compartimos vida con todos, pero sobre todo contigo, conmigo, con me. Y eso, no requiere ni escenarios, telones o decoración a medida, solo tienes que ser, tú.
Vive para ti, y brillarás… y si, también lo harás para los que quieran ver tu Luz.







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