Woman smiling with butterflies in a wildflower meadow at sunset

Pip: Chaspalindes, Cazando Pensamientos — donde los días se numeran como si el tiempo fuera un proyecto con fecha de entrega, y los pensamientos se cazan antes de que escapen.

Mara: Esta semana Fran Cisco nos deja tres entradas que orbitan alrededor de dos territorios: el deseo como identidad propia, y la rutina cotidiana como espejo de lo que importa. Empecemos por el deseo.

Woman smiling with butterflies in a wildflower meadow at sunset

Deseo e identidad

Pip: El territorio aquí es la tensión entre lo que uno desea y lo que uno proyecta al mundo — si hay coherencia entre ambos, o si vivimos actuando en un escenario que alguien más decoró.

Mara: El post sobre el deseo lo planta desde el principio con una imagen muy concreta: «Te regalo un deseo con sueños al aire, mirada al cielo, ojos de ilusión. Cerrados o abiertos, pero piénsalo bien, porque no es un deseo suelto, es del instante y al vaivén de las alas de mariposa.»

Pip: El deseo no flota libre — está anclado al instante, es frágil como una mariposa, y lleva consigo todo un universo de latidos. No es un capricho, es una declaración de quién eres en ese momento exacto.

Mara: Y eso conecta directamente con el segundo texto, el de la proyección, que da la vuelta a la misma pregunta: ¿qué pasa cuando lo que proyectas no te representa? Hay una frase que lo resume sin rodeos: «Te delata la elocuencia de sentimiento real, que sale, que muestra el atisbo de ti, de lo que corre por tus recovecos. Lo que te mantiene vivo.»

Pip: Así que el disfraz tiene fecha de caducidad. Por mucho atrezo y telón, el sentimiento auténtico termina filtrándose.

Mara: Exacto. Y la propuesta del texto sobre proyección es radical en su sencillez: no vivir para el público, sino compartir vida desde el propio centro. «Porque no vivimos para nadie, compartimos vida con todos, pero sobre todo contigo, conmigo, con me.»

Pip: Pintar tu monigote simplón y disfrutarlo — eso es el antídoto al escenario de cartón piedra.

Mara: Los dos textos juntos trazan un arco: el deseo nace del latido propio, y la proyección auténtica es la única forma de que ese deseo llegue a otros sin perder forma en el camino.

Pip: De la identidad en vuelo libre, pasamos a ver qué pasa cuando la identidad aterriza en un martes cualquiera con resaca de jengibre.

Rutina y resaca

Mara: El texto sobre los centenios es un diario de un día aparentemente menor — sin despertador, con un ligero dolor de cabeza — que acaba siendo un inventario de pequeñas presencias. La frase que lo vertebra viene de una canción que suena casi por descuido: «Te doy mi tiempo, llevas momentos que se guardan en el centro, de mi alma, en silencio, plenamente yo te ruego, que perduren, por centenios.»

Pip: Lo que importa no es el día grande, sino el bocadillo hecho con cariño, el perro de 44 kilos con sonrisa honesta, y la mujer del metro con la falda vaporosa.

Mara: La rutina, aquí, no es el enemigo de la vida plena — es el tejido donde aparecen las luces que, como dice el texto, «equilibran vacíos.»


Pip: Deseo, identidad, rutina — todo apunta al mismo sitio: que la vida ocurre en los instantes pequeños, no en los escenarios grandes.

Mara: Y que la única forma de no desperdiciarla es, sencillamente, estar. Hasta la próxima caza.

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Hola

Cómo pueden los gestos del Alma cambiar el Color.

Como una canción caída en aquel momento, ese detalle imperceptible, esa palabra, bien o mal colocada, una sonrisa, el viento singular entre las alas de una mariposa…

La magia de los movimientos en el tiempo, la caída de las hojas al ritmo de segundero tranquilo. Siempre igual, siempre, jamás podrá tener más o menos prisa. Es.

Encontrarás jirones por..