Día trescientos once. Mapa

Todo significa algo. Las cosas, las personas, los actos. Las casualidades que acontecen entre que vas y llegas, no son azar.

El caos se gobierna con el orden. Ese orden que piensas que no está previsto, lo que crees que es casual. Pero en realidad eres tú el capitán del velero, el que sube o amarra las velas. Quien las extiende al calor del viento o las oculta cuando se dibujan corsarios en poniente.

Virar en la dirección que quieres, es tu elección. No es orden, no es caos, es una decisión.

Y tú lo sabes: tienes una brújula y las estrellas en el cielo, y cuando decides tu deseo y no sabes cómo llegar, buscas en un mapa, tu mapa.

No siempre la X marca el tesoro, así que cuesta la aventura de encontrarlo entre tanto evidente y demasiado inteligente en el lugar.

Navegar no es fácil. Es. Con sus días de tormentas, otros con sol abrasador, y aquellos con lluvia cálida y brisa que reconforta. A veces corrientes a favor, otras nada, olas. Y de nuevo debes buscar en tu plan y mirar arriba buscando el camino.

Al final si lo piensas, todo tiene demasiadas casualidades. El mar y los ríos, tu tiempo, la brújula y tu cielo.

Y en medio de todo por si se te olvida, tú y quien te encuentras. Y encima a veces descubres que vibras parejo a ese latido, a la mirada que lo dice todo y al lenguaje de los silencios.

Eso no es casual, eso es que compartes bajo la misma noche, en medio de aquel océano, lo excepcional de coincidir con quien soñar todo y marcar las «equis» en el mapa del caos.

Gracias por no ser Casualidad

Comentarios

Deja una respuesta