Días trescientos doce. Amar (se)

La consciencia se asoma a mi interior.

Cuando cayó la telilla que empañaba mis ojos, que envolvía mis latidos atrapados en la voz de aquella mirada, me quedé desnudo ante mí.

Lo que veía en el espejo, no era más que un guiñapo de heridas a medio coser, con una sonrisa de Paz y miedo. Dolor que se aferraba, pero ligero en el petate.

Con las mismas, me seguí observando y mientras me iba echando culpas, entre fustas y vasos de ron, me fui perdonando. Perdonando por olvidarme de mi, perdonando por no haber creído y confiado. Perdonándome por dejar que me hicieran daño, y hacerlo como mío…

Y comencé a caminar solo, tembloroso pero mirando al frente y no atrás. Y los pasos me gustaban y entonces llegó el frescor del viento, La Luz de las mañanas, los cielos de estrellas, con lunas y verano, y la risa amable y sincera de quienes siempre me han querido.

Aprendiendo a amar ‘se’ para amar y amar ‘te’

Feliz día

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