Sin motivación, no hay nada. Es el Alma quien tira del corazón y la cabeza, en cada momento de la Vida. No tiene que ser el reto, ni un imposible que demostrar a centenios de cara a la galería.

Desde aquel día no ha vuelto a llover. Y mira que han pasado cosas, pero una tristeza callada me abraza en cada mirada. Todo me atraviesa como si fuera de gelatina, y tiemblo y lloro como hacía tanto que no recordaba.
Me da miedo pensar, mirar, escuchar canciones. Me temo sintiendo la pena de no saber que tengo tanto, pero que soy incapaz de acariciarlo, ni siquiera imaginarlo por un momento.

Es tal el silencio atronador en la sala de los latidos lejanos, que presiento que tras cada esquina, esas sábanas que parecen tapar la realidad con nombre, están a punto de caer y todo estallará en alaridos, yo me derretiré entre lágrimas y gritos de amargura y pena.
Es la ilusión, es la Luz lo que se escapó entre todo mi esfuerzo por “querer” que nada era suficiente, y que la batería de las ganas, no necesita recarga, es infinita.
Pero me confundí, y aunque es necesario entender que saber esto es la forma de aprender, la caída en el pozo no ha concluido y todavía no soy capaz de comprender, ¿qué he hecho mal?

Lo cierto es que no, no sé qué hago mal, excepto la única cosa que es no mimarme de la forma adecuada, y que no es tomar barriles piratas, escuchar música intensa, con letras profundas de las que narran heridas y justifican los jirones.
Hoy toca pena, negro oscuro, desahogo sincero, y prosa rasgada. Hoy, ya sé lo que se me ha escapado: La ilusión. Y esta vez estaba llena de nombres y motivos, que ahora, parece que han desaparecido para siempre o sencillamente, no valían para nada.


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