Me disponía a cruzar la calle, mientras distraído miraba temperatura y horizonte. Amanecía por el costado derecho y en la puerta de la entrada, una señora sonreía mientras miraba a través de su móvil. Hacía fotos, fotos al sol y las nubes, al cielo y sus colores. Luego, bajaba la pantalla, la miraba y sonreía otra vez.

Es complicado opinar sobre la belleza de una captura. Creo sinceramente que es lo que te susurra o golpea al mirarla, lo que pone en valor el instante congelado. El estremecimiento de la emoción o la mueca neutra, no son para nadie, hablan a tus ojos.

Puede que el fondo del estanque estuviera sucio, que la perspectiva no fuera la mejor o la regla de los tres cuarto mal aplicada. Pero cuando miré, sentí el silencio y los colores.

El reflejo del techado de nuestros días dibujado en el agua. La Luz, que todo lo llena anunciaba a su Sol. Los árboles de invierno esperando la primavera, la torre y el cuadro quemado en el centro señalando a los demás protagonistas alrededor de su halo.

Así me hablaba, y así la entendía, y Paz en los ojos y tranquilidad al parar para disfrutar.
… Unos cientos de pasos más adelante, una señora sonreía mientras hacía una foto al despertar del día y luego volvía a hacerlo al mirar su teléfono. Quizás no fuera el mejor ángulo, pero ¿quien puede juzgar lo que siente la mirada?.

Me gusta que sonrías, y que llenes instantes con sentido, mientras admiras la Creación que compartimos.
Feliz día
