DÍA DOSCIENTOS OCHENTA Y CUATRO. Acordeón

Cuando vuelvo en tren, alguna tarde suele estar un muchacho sentado en taburete cerca de la antigua tienda de chuches y fotos de Atocha. Toca el acordeón.

Mi relación con este instrumento nunca pasó más a allá de María Jesús y sus pajaritos por aquí y por allá. En mi juventud, me hacían tocarla cada día 100 veces con la flauta mientras los amigos y profesores seguían un rito de baile insufrible. Pienso a veces, que mi miedo escénico a las pistas y soltarme vienen de aquel trauma de infancia. Todo lo que cuente es poco.

Atocha

Pero no es a esto lo que iba. Hablaba de acordeones, y no fue hasta encontrarme con Amelie y en concreto con su ‘Comptine d’un autre été, l’après-midi’, mi despertar al fuelle con botones infinitos. Un piano a cuestas y mil notas por tocar.

FuentePrado

Hoy, el muchacho de la estación, tocaba esta pieza que me parece deliciosa, delicada, pasional y triste. Bella, tranquila, y aunque  suena a piano y violín, no es por ello menos perturbadora para el Alma. En acordeón te abraza y traslada a calles de pensamientos y recuerdos que abrigan. No se que tendrá, pero me atrapa.

manzanares

Ayer me dormí con el recuerdo de fondo y la promesa de un «gracias sincero»,  para el muchacho del piano a cuestas y su taburete. Te recomiendo que un día pierdas tus pasos por ese rincón y te deseo que la suerte te regale alguna de sus músicas …

RinconSintaburete

Feliz día de lluvia !!!!