Cuando vuelvo en tren, alguna tarde suele estar un muchacho sentado en taburete cerca de la antigua tienda de chuches y fotos de Atocha. Toca el acordeón.

Mi relación con este instrumento nunca pasó más a allá de María Jesús y sus pajaritos por aquí y por allá. En mi juventud, me hacían tocarla cada día 100 veces con la flauta mientras los amigos y profesores seguían un rito de baile insufrible. Pienso a veces, que mi miedo escénico a las pistas y soltarme vienen de aquel trauma de infancia. Todo lo que cuente es poco.

Atocha

Pero no es a esto lo que iba. Hablaba de acordeones, y no fue hasta encontrarme con Amelie y en concreto con su ‘Comptine d’un autre été, l’après-midi’, mi despertar al fuelle con botones infinitos. Un piano a cuestas y mil notas por tocar.

FuentePrado

Hoy, el muchacho de la estación, tocaba esta pieza que me parece deliciosa, delicada, pasional y triste. Bella, tranquila, y aunque  suena a piano y violín, no es por ello menos perturbadora para el Alma. En acordeón te abraza y traslada a calles de pensamientos y recuerdos que abrigan. No se que tendrá, pero me atrapa.

manzanares

Ayer me dormí con el recuerdo de fondo y la promesa de un «gracias sincero»,  para el muchacho del piano a cuestas y su taburete. Te recomiendo que un día pierdas tus pasos por ese rincón y te deseo que la suerte te regale alguna de sus músicas …

RinconSintaburete

Feliz día de lluvia !!!!

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Hola

Cómo pueden los gestos del Alma cambiar el Color.

Como una canción caída en aquel momento, ese detalle imperceptible, esa palabra, bien o mal colocada, una sonrisa, el viento singular entre las alas de una mariposa…

La magia de los movimientos en el tiempo, la caída de las hojas al ritmo de segundero tranquilo. Siempre igual, siempre, jamás podrá tener más o menos prisa. Es.

Encontrarás jirones por..