DÍA DOSCIENTOS OCHENTA Y DOS. Bla

La Vida pende de nada, hasta el punto que es libre de transformarse en un instante en forma u obra, en piedra o cosa, en aire puro, en agua, en pena y existencia. Nada escapa a sus estados, nada rige su inconsciencia. Es eso, Pura Vida, juguetona, inquieta. Caótica cuando no la comprendemos, ordenada al mirar su Creación. Privilegio saber de Ella, y sentir su Fuerza,  el amanecer entre caminos fríos, con cielos llenos de luz y calma, de viento y furia entre arbustos. Ópera abierta, libre y salvaje.

Ayer, cuando me sentaba en el vagón del tren, una voz triste lloraba transparente la muerte de un desconocido arrollado.

Hoy, al bajar del autobús un adolescente se presentía ansioso, nervioso por llegar al andén de su estación. Quería mirar la Luna, era especial le había dicho la Madre. Al muchacho, con peinado de escarola y color maíz le faltaba un brazo, y  por la manga del chaleco asomaba una prótesis tatuada de flores…

Contrastes, días y estados. Valores y actitudes, sueños y reencuentro con lo importante.

Yo, dejé aparcada hoy a Scotty, y con la manía de las noticias únicas, que si luna mezcla de azul, roja, irrepetible en 150 años, bla, bla, bla,  casi siento angustia  vital por no estar embelesado contemplando y vaciando entre respiraciones el disparador de la cámara.

Nada. Está bien disfrutar del cauce del tiempo y escuchar los sonidos a otro ritmo, siempre tan único como cualquier otro, exclusivo, y con su sitio en tu Vida.

Ahora ya llegué al túnel y acabo de pasar por la estación donde aquel pensador, ahogó sus gritos bajo el hierro y decidió no mirar más la Luna. Mi pensamiento le recuerda.

No quise buscar noticias, no hay nada que leer, nada que comprender o reprochar. Pero sí dedico mi mirada a través del objetivo a Lúa, que se escondía entre nubes en el horizonte de los caminos, que otros días vuelo sobre ruedas y hoy sentí sin foto, ni pan…

Buen camino.