DÍA DOSCIENTOS OCHENTA. Sirio

Cosechando casualidades, empiezas a imaginar que las cosas funcionan de aquella manera. Nada es azar, todo sucede por una acción y su reacción.

El aletear de aquella mariposa, genera en su espacio pequeños chasquidos que parecen perderse en el aire. Igual que las ondas en el estanque, que van tocando aquí y allá nenúfares y sapitos en inmersión. Pero no se paran ahí…

En la inconsciencia del gesto, reciben el leve soplo del instante transformador, el que varía la dirección de la mirada distraída, o hace que el color cambie ante la refracción física esperada. No tiene por qué saber ninguno de los invitados que pasó con aquella reacción, el hecho es y será, y la casualidad deja de existir.

A vista de dron mental, la perspectiva se abre y la visual alcanza dimensiones que dibujan el plan. Ahora hay que aprender y leer las señales, pero nada de agobios, no es algo imprescindible.

Deberíamos ser constructores de las mejores reacciones, que viajarán y rebotarán de un lado a otro, con mil nanosegundos, y cientos de tiempos de Vida de acá y allá. Los buenos, contrarrestan los malos. Es la lucha del más y menos, de la suma y la resta, de los creadores y demoledores, la romana de pesillos y celemín. Pero trabajando en plus, siempre vamos a más, no sólo nosotros, todos…

Vamos, que perdidos desde el principio, recuerdo que pensaba en azares y casualidades, y sin querer, pasamos al gris perla y nos encontramos en la confirmación del Nada es Azar.

La libertad de pensamiento escapa cualquier barrera. El conocimiento es nuestra única limitación. Pero transciende tu estado y suma. Siempre suma y multiplícate por cero antes de restar. En esos momentos espera que llegue la brisa del aleteo de la mariposa y que el color reflejado cambie a esperanza. Todo encaja suave, con el paso del tiempo. No dudes.

Casual. Sirio en Can Mayor, cada mañana al alzar la vista al cielo que abraza el amanecer. Es una broma.

Ahora, descansa.