Llegando al tren, con frío en la nariz y corazón calentito, comienza a sonar la radio en mi cabeza y de fondo la canción del bicho raro … Creep.
Sueño, del de dormir. Porque el otro está siempre presente en cada pensamiento.
Despertando. Cada cosa que haces, gesto o café, comenzó ahí, en un sueño.

Puestos a perdernos en significados comparativos, me dejo llegar al mostrador donde se sirve todo tipo de energéticos: gasolina, carbón, te, redbull, shotrum, …. y hasta una caja discreta y al parecer insignificante con cientos de letras pequeñitas.

No puedo evitar ser y mirar. Ya estoy soñando. No sé, qué deseo que sea. No soy capaz de imaginar en mi límite del día, que tesoro o chasco se esconde en algo así, . ¿Será para hacer lumbre?
Sí, me obligo a bailar el limbo rock, y pasar debajo de esa línea ficticia que nos imponemos, y con ojos inquietos comienzo a visualizar las letras del exterior. Son tantos colores como sólo la naturaleza puede pintar. Y se juntan unas y otras, y se separan en palabras que no alcanzo a leer……. Aún.

Más cerca, más, un poco más. Y a pesar de la vista cansada, en esta tienda de “energías”, no es necesario tirar de gafas cuando se trata de cajas de cartón con palabritas. Ya veo, y leo y no entiendo: unelma, rüya, traum, सपना, ಡ್ರೀಮ್, 夢,
… abro más el prisma, y lo giro en cualquier dirección razonable y como si de un crucigrama tridimensional se tratara, se dibujan frases con significado: sueños, caja de sueños, sueños para correr, sueños para amar, sueños de construir, sueños completos, sueños y sueños. ¡Una Caja de Sueños!, desperté.

Y así soñando que soñaba son sueños, en la tienda, redescrubrí una vez más, que no son más que ellos, los que nos empujan cada día, los que nos hacen avanzar y llegar a Lúa, atravesar espacios, construir transportes, y escribir libros. Confeccionar una bufanda, pintar sobre una taza, trazar un horizonte de colores, navegar por ríos, hacer mapas, limpiar carreteras, plantar tomates, regar la tierra…
Póngame una caja, le dije en alto al tendero, mientras me perdía mirando el pasillo del autobús, y sonreí.

Felices días soñadores,
