DÍA DOSCIENTOS SETENTA Y CUATRO. Campera

La Paz de una ensalada campera y un rato mirando por el cristal. Hace viento, y los hojas se empeñan en no esquivar al equipo de fútbol de solteros que celebra embudo en mano, una bacanal de calimocho en las aceras de Madrid. De momento tiene gracia, pero el destino se escribe por tragos, y este parece claro y sin medida…
Así, que mejor acabamos faena y no ponemos las gafas Sol vuelta al vagón y sin más pretensiones.

Se disfruta este mes de mayo y su temperamento. Cielos, ya sabes, y la Luz que es todo.

Me compré un accesorio para la cámara de 50 mm y 1.8 de apertura. Recoge más luz y centra la mirada en lo que ves. Ver es eso, la escena global. Mirar es, enfocar y saborear lo que se desea centrar, lo que quieres realmente atender, el foco de tu pensamiento.

De repente, retomo estas líneas en el rincón del vagón, descifrando mientras espío con disimulo, quién puede tener un iPhone de nombre Arwen.

Me centro en una joven de rasgos finos, orientales, diferentes, rubia, pelo largo y rizado y de tez blanca. Desde los puños de la chaqueta negra, se adivinan tatuajes que parecen ramas de primavera buscando la palma de su mano. Sencillo y bello. Consigo encontrar otro dibujo, este más ro-cocó y que se enrolla sobre su empeine. Me cuadra todo hasta que en un movimiento, veo el auricular y sé que no es un iPhone el otro extremo. Pena de descarte, era ideal. Incluso al colocarse el pelo, más ramas en su cuello…

Llegando a destino y lejos de parecer lo contrario, aquí será más fácil. En el momento que me aleje del rango del bluetooth perderé señal y sabré que ese grupo o aquel no es. Primero acoto la zona, me levanto y paseo entre los asientos. Son 10 metros, más allá, el silencio de la onda perseguida.

En menos de 30 segundos, tengo la grupeta, pero sin candidat@s. Empiezo a pensar en ‘@’, no tengo claro si es ello o ella, y ninguna hábito me cuadra con Arwen. Nada de IPhone, gestos mágicos, o hadas de los sueños. ¿Será que estoy mirando con los ojos?….

Las puertas se abren, ¿y si no se baja en la parada?, ¿ como podré quedarme con esta intriga?. Vuelvo a ver o a mirar. Ninguna cara de las habituales. Es normal, no es mi hora acostumbrada. Pronto saldremos de dudas. Salimos.

La señal sigue ahí, el espectrómetro de ondas posiciona la zona a un puñado de palmos. Miro y veo. Y pensé que siempre digo, el otro día te vi, pero nunca, el otro día te miré… y ahí estaba.. de la bolsa de rafia morada, salía un cable verde y el hombre, pasada ya su década de oro, sonríe cuando alguna canción comienza a sonar en su iPhone. Me adelanta en la escalera y silba una melodía familiar …

‘Wish you where here’, volví a mirar sin ver, y vi mirando sin objetivo y con párpados bajados un pensamiento tan real cómo el Alma latiendo de aquel hombre enamorado de alguien con un bello y mágico nombre.

Después una sonrisa y una historia más.