En un fogonazo de flash probado como funcionaba, me quedé algo iluminado. Así que me fui a sentar y recordé la portada de un disco, EVE, una canción, Lucifer, y un grupo, Alan Parsons. Quise entender aquella imagen diferente en la historia de este «Project», con las dos únicas canciones claras hasta el momento cantadas por ellas, y en mi búsqueda di con un blog enriquecedor e inspirador, que de nuevo, salto hacia adelante, y aterrizé en este Shine On Your Crazy Diamond.
Las inspiraciones son frágiles y esquivas. Es complicado entender cómo la desgana conquista el mar de los sueños y lo llena de nada. Cuando cuesta entender lo que se ve, o el aire entre rizos no ayuda a lanzarse a una nueva aventura sobre Scotty, la frenada es más evidente y se puede ver hasta la marca en el barro.

Algo se adivina en el rabillo el ojo, cuando de fondo unas poderosas nubes de algodón llaman la atención de la parte viva de los latidos. Pero, el veneno en la sangre paraliza músculos y el esfuerzo planteado de alcanzar el escenario, se vuelve el temido, «mejor mañana». 

Otras, son vagones, y pasa uno, y luego otro, y la máquina se aleja, pero sigue otro y otro más. Piensa la neurona anestesiada, que seguirán así, y que en cualquier instante podrías saltar a la puerta y recuperar el brillo de los horizontes, sin pena, sin precio y con el atrás reinventado.
Es así, pero el tren, termina pasando y lo que no está nada claro, es si este fue muy largo, o vendrá otro detrás lleno de nuevas puertas y oportunidades de saltar. Recién pintado, o lleno de herrumbre. Pues claro que, el acabado sugiere a la mirada entre abierta realidades engañosas o ciertas. Salto de fe.
Así, sentado en el banco de ninguna parte, admiro sin darme cuenta la música que suena. Despierto a historias y leyendas de escritores de sentimientos, amargos, bellos, felices o desgarrados. Veo las inexistentes casualidades de letras, y los encuentros entre acordes y cuerdas. 

Me levanto, y ajusto el mejor auricular que tengo. Vuelvo a querer escuchar los detalles del regalo, y vuelve a sonar, después de más de mil veces en mi viaje, Shine on your Crazy Diamond.
Es fácil, todo lo es, sencillo caminar, dejarse llevar. A veces, de repente te vuelves a encontrar con el paso a nivel, bajado, aviso del mercancías de caminos, que frente a ti volverá a resonar fuerte y grande. Eso es, ese ruido ensordecedor de bocina y metal, es grito que no te pide más que reacciones, y dejes excusas y cadenas. Somos nuestros peores carceleros de miedo y sueño.

Quizás ha llegado el momento de una nueva oportunidad. Se Lázaro.
El blog es https://musicalboxed.wordpress.com/
Paz y bien, Herman@s
