DIA CIENTO CINCUENTA Y UNO. Radar

Tenía un piano Casio, que creía que sonaba como los de Mecano. Y con ese tecladillo a pilas de color blanco les intentaba imitar. Aquel verano salió su disco “Donde está el País de la Hadas”, y entre rebobinado de walkman y pilas gastadas apareció este tema…
Jugábamos a convocar fantasmas y contar historias que se hacían realidad a plena luz del día. Libros que se caían en las estancias, crujir de suelos, aire frío, ventanas sin cerrar, sombras entre las cortinas…

Recuerdo con cariño al vecino que nos dejó una noche mientras jugaba con su maqueta de trenes en el desván. Sucedió a mediados de los cincuenta y aquel cuarto había quedado igual. Nadie había tocado nada desde el momento fatídico.
En esos días  se cumplía fecha,  y contaban que en el aniversario de su viaje,  el tren comenzaba a funcionar sólo, se oía el ruido de vagones y el traqueteo por las vías. Y así fue, los primos sin miedo, para allá que se fueron…

Al pie de las escaleras que conducían a la puerta, desde una distancia prudencial y con la vía de escape despejada, oímos con total claridad los ruidos y hasta sentimos el olor a humo de pipa… Eran las doce de la mañana y la carrera batió todos los récords de velocidad en grupo.
A día de hoy no tengo explicación de aquello, sólo excusas y teorías basadas en sugestión, conciencia colectiva y misterio.


Lástima de oportunidad para el gran Iker y su equipo de investigación. Y pena porque en esa época todavía no existía «Ghost Radar» para iOS, y mucho menos el iPhone que busca fantasmas, donde dicen que no hay, y que ven con su lente los detalles ocultos a los ojos… 

Sin miedo, y sin mirar atrás, vamos a por el fin de semana, que os deseo de los mejores y si podéis ponerle sal de misterio. Cuidado con la sombras.

Sed felices Herman@s.