DIA CIENTO CUARENTA Y TRES. Tijeras

He salido de casa, he lanzado un beso a la de la ventana, y girando a la derecha Lúa. Unos segundos después comenzaba a cantar Maggie con su voz bailando sobre las cuerdas de Mike, y la luz y la sombra de Lúa me ha calado tanto que han traspasado hueso y empapado mis ojos. Sin entender el por qué, lloraba de emoción ante la belleza del reflejo en el lago, del color del horizonte y el azul del cielo limpio. Ella miraba al Rey y se la veía enamorada.


Con la compañía y la lágrima boba, iba paseando y pensando en aquel recuerdo tan claro que resultó ser falso. Después de cruzarme con el coche, recreé las escena en mis rincones, y veía como sin decirnos nuestro nombre, sabíamos que nos conocíamos y que nos trataríamos bien.



– Por favor, unas tijeras para cortar papel, le dije. 
Alfonso se fue a la trastienda y me trajo unas pequeñas cortadoras con empuñadura de metal negro. Se adaptaban a la forma de mi mano. Perfectas pensé, mientras él repetía lo mismo en alto. Pagué, no saludamos y me fui a casa contentó y dispuesto a recortar todo lo que se pusiera a mi paso.



Y así pasó el tiempo, trece años, cuando de nuevo me encontré con las tijeras, ya un poco melladas y con algo de óxido, pero me ayudaron a forrar los ochenta libros de mis chotillos.

Alguien me dijo: esas tijeras las compré hace algo de tiempo.
No se sí la pompa explotó y la escena se perdió donde todo y nada existe, pero guarde mi recuerdo, simple, sencillo, limpio y con un toque de ilusión en el cajón de abajo, junto al otros iguales.  Esos que no se sí fueron ciertos o algún día los soñé…. ¿Hay alguna diferencia?.



Con la emoción de la Luna llena y el reflejo en su lago, os dejamos y deseamos el mejor fin de semana posible. Hoy tiene algo el día, algo especial, como todos. Tomadlo como un juego, y tratad de descubrir su secreto. Es bueno seguro.


Feliz día Amig@s