Yo pasaba unos días en la Yedra, entre Baeza, Úbeda y Rus, y los prim@s nos juntábamos entorno a la TV para ver el capítulo del día.
A veces, cuando menos te lo esperas, aquello que te parecía que no te iba a llegar, que pasaría sin pena ni gloria, sin dejar marca, va y te refresca con recuerdos sin imágenes, pero dulces y sencillos.
Aunque es una réplica en un parque artificial, con una aparcamiento al lado y desubicado, de algún manera guarda esa luz que en su día creó la leyenda.
Y te das cuenta, cuando ves a unos y otros, de cuarenta y de veinte pararse frente a su puerta, sentarse junto a su timón, o buscar la foto donde se da fe de su nombre: La Dorada 1ª.
Y es que pocas cosas son tan sencillas y encima gratis, como dejarte llevar por los sueños, en este caso azules de su casco, con la puerta del puente de mando entreabierta y las enredadas en los mástiles y ventanas.
Una extraña fuerza en la imagen de una leyenda, en medio de una ciudad del sur de España, aunque sólo se trate de la copia del Barco de «Tranchete» como dice uno de mis duendes.
Entre el iP5 y la N1, nos apañamos para atrapar el recuerdo, y ayudarnos, si os parece, a viajar entre mares y aventuras de aquel verano azul de hace casi treinta años.
Feliz Viernes Amig@s!



