Hace un par de días, unos buenos amigos habituales del rincón, me llamaron preguntando por el efecto antibiótico. No les había contando nada del resultado de las pruebas y tenían interés en conocer las conclusiones finales.
Pues con un clásico de fondo os cuento.
Sencillamente genial, no se cuanto hay de emoción, de efecto placebo o de verdad. Los notarios tampoco pudieron determinarlo con claridad. Pero el caso es que me lo pase «teta».
Primero unos cubos sin aliñar de cerveza, con sus raciones de tasca perfectas, todo con patatas, en sus distintas presentaciones grasientas, palillos y servilletas. Muy rico, a pesar del hielo derretido y de no correr aire en la terraza.
Así que de paseo a otro lugar más fresco, y entre oca y oca, una foto del cielo que se despide del sol haciendo de lienzo, y el cuerpo y mente estable, sin novedades y sin notar efectos extraños. Los notarios dan fe, y visto bueno para el cambio.
La nueva es más fresca, la cerveza da paso al grito revolucionario con Cuba de excusa. Ron con Coca, hielo y una rodaja de limón. Para acompañar el paso, frutos secos, sandwich de salmón y se unen al equipo de notarios quien más quiero, y una de mis primas favoritas, aunque se empeñe en ser sobrina.
Todo mejora, el fresco, la compañía, la charla, el ron, y las ideas llevan a las risas y a mirar hacia los bloques llenos de luces que recuerdan hogar y vida.
Que agustino, que rico y del efecto antibiótico malvado nada de nada. Todo se mantiene, aunque la prudencia anima a no se dejarse llevar por el entusiasmo. Así que nos retiramos, eso sí, felices, contentos y agradecidos de disfrutar el momento con la mejor compañía del mundo y la duda: ¿eso del brazo de donde salió?…
Siempre fieles el iP5 y la N1 que ayudaron a los notables a concluir de forma positiva.
Gracias Herman@s y feliz día.



