A mis dos chotillos les encanta la música: metal, rock, pop, clásica, ruido y variantes, y todos los días escuchan, oyen y bailan. Ayer uno de ellos pedía cantar en inglés una canción que no tengo palabras para explicar como la describió, pero que es esta:
Yo no soy rencoroso. Hasta que me enfrento al asiento en el vagón camino del día a día, cuando voy tan cómodo, tan íntimo, escribiendo o editando, oyendo música o simplemente escuchando el traqueteo, anuncio de nuevas estaciones y viene alguien y se sienta al lado.
Abro piernas, toso de forma sonora, me muevo y remuevo para causar incomodidad al viajero, incluso saco la botellita de agua helada que tantas miradas ha acaparado con sus incidentes.
Pues la verdad de todo es que a mi me lo hacen, me quitan «mi sitio», suben el volumen de los cascos, me colocan el bolso o la mochila en medio, o se ponen a maquillar y cortar las uñas delante de mi. Ese malestar cuando te quitan o invaden lo que NO es tuyo, es el germen de mi rencor que intento dominar cada día, y que hoy en conseguido.
No os digo ná, pero que la mala baba la tengan los demás , si puedes ahoga venganzas a pesar del gustazo que en ocasiones produce… O si no puedes, disfruta sin rencor hacia ti mismo de un momento tan maravilloso.
A modo de disculpa, el amanecer de hoy, y un paseo por Atocha el domingo por la mañana, junto a la N1 y la familia. Ayer ni una sola lágrima de San Lorenzo… jo. Hoy volveré a soplar nubes.
Sed malos Herman@s y feliz martes.



