DIA CIENTO TREINTA. Rencor

A mis dos chotillos les encanta la música: metal, rock, pop, clásica, ruido y variantes, y todos los días escuchan, oyen y bailan. Ayer uno de ellos pedía cantar en inglés una canción que no tengo palabras para explicar como la describió, pero que es esta:




Yo no soy rencoroso. Hasta que me enfrento al asiento en el vagón camino del día a día, cuando voy tan cómodo, tan íntimo, escribiendo o editando, oyendo música o simplemente escuchando el traqueteo, anuncio de nuevas estaciones y viene alguien y se sienta al lado.


 

Abro piernas, toso de forma sonora, me muevo y remuevo para causar incomodidad al viajero, incluso saco la botellita de agua helada que tantas miradas ha acaparado con sus incidentes.



¿Perocual es el origen de esa crueldad sin sentido que me sale sola, de forma innatay me hace sentirme mal en el momento de ser consciente?.


 

Pues la verdad de todo es que a mi me lo hacen, me quitan «mi sitio», suben el volumen de los cascos, me colocan el bolso o la mochila en medio, o se ponen a maquillar y cortar las uñas delante de mi. Ese malestar cuando te quitan o invaden lo que NO es tuyo, es el germen de mi rencor que intento dominar cada día, y que hoy en conseguido.



No os digo ná, pero que la mala baba la tengan los demás , si puedes ahoga venganzas a pesar del gustazo que en ocasiones produce… O si no puedes, disfruta sin rencor hacia ti mismo de un momento tan maravilloso.


A modo de disculpa, el amanecer de hoy, y un paseo por Atocha el domingo por la mañana, junto a la N1 y la familia. Ayer ni una sola lágrima de San Lorenzo… jo. Hoy volveré a soplar nubes.

Sed malos Herman@s y feliz martes.