DIA CIENTO DIECISEIS. Paciencia.

Cuando escuché la primera vez esta canción me dedicaba a vigilar en turnos de ocho horas polvorines del ejército. Y mientras pasaba las horas entre guardia y guardia, sólo me quedaba la música y mirar. Los demás dormían. Así me encontré pintando los ladrillos del muro de Pink Floyd en las paredes de las camaretas y conociendo a los Gun´s and Roses.
La misma canción volvió hace unos días. Asomado al balcón de la Alcarria y esperando la salida del sol. Mientras los primeros rayos se colaban entre los rincones del cielo, la extensión de retales de cereal, olivo y girasoles se desperezaban.



Sentía como cada segundo pasaba, ni lento ni despacio, en su preciso instante, y mientras las luces bailaban creando pistas de colores que llevaban vida y calor….



Algun@s lo llamarían ruido, para otr@s sería hasta molesto, pero la verdad es que el griterío de golondrinas, gorriones y vencejos, además de atronador era una sinfonía de alegría, una fiesta programada, donde todos se juntaban a cantar, cada uno a su manera, cada uno a su ritmo. 
Pero curiosamente, nada desafinaba sobre el lienzo del amanecer.


Así, sin paciencia, porque no hacía falta, sin prisa, por tener el mismo tiempo que siempre, con sentidos sensibles y pelillos erizados, me fui llenando de lo grande, de lo magnifico que es lo que llamamos el milagro, sin ser consciente de que se repite todos los días, estés o no estés tu.


El amanecer de hoy venía con regalo, el Hermano Sol se miraba en Lúa, se acicalaba de colorete y le regalaba a nuestra Nikon J1 y al iP5 este momento, que por único en el tiempo, queremos compartir contigo.


Buen día Amig@s. No dejéis de mirar al cielo.