Cuando escuché la primera vez esta canción me dedicaba a vigilar en turnos de ocho horas polvorines del ejército. Y mientras pasaba las horas entre guardia y guardia, sólo me quedaba la música y mirar. Los demás dormían. Así me encontré pintando los ladrillos del muro de Pink Floyd en las paredes de las camaretas y conociendo a los Gun´s and Roses.
La misma canción volvió hace unos días. Asomado al balcón de la Alcarria y esperando la salida del sol. Mientras los primeros rayos se colaban entre los rincones del cielo, la extensión de retales de cereal, olivo y girasoles se desperezaban.
Sentía como cada segundo pasaba, ni lento ni despacio, en su preciso instante, y mientras las luces bailaban creando pistas de colores que llevaban vida y calor….
Algun@s lo llamarían ruido, para otr@s sería hasta molesto, pero la verdad es que el griterío de golondrinas, gorriones y vencejos, además de atronador era una sinfonía de alegría, una fiesta programada, donde todos se juntaban a cantar, cada uno a su manera, cada uno a su ritmo.
Pero curiosamente, nada desafinaba sobre el lienzo del amanecer.
Pero curiosamente, nada desafinaba sobre el lienzo del amanecer.
Así, sin paciencia, porque no hacía falta, sin prisa, por tener el mismo tiempo que siempre, con sentidos sensibles y pelillos erizados, me fui llenando de lo grande, de lo magnifico que es lo que llamamos el milagro, sin ser consciente de que se repite todos los días, estés o no estés tu.
El amanecer de hoy venía con regalo, el Hermano Sol se miraba en Lúa, se acicalaba de colorete y le regalaba a nuestra Nikon J1 y al iP5 este momento, que por único en el tiempo, queremos compartir contigo.
Buen día Amig@s. No dejéis de mirar al cielo.



