Este corte lo tenía reservado para el día de hoy. Creo que su título, es de entre todos los sentimientos y pensamientos, el hormigón armado de los cimientos de la vida, la base donde empezar a construir cada mañana.
Después de haber estado renegando durante más de un mes de las celebraciones y «cumple días» de mis satélites, el colofón llegó en forma de lección este fin de semana.
Rodeado de tantos amig@s que compartieron el momento, no tenía nada más que mirar alrededor para ver risas y sonrisas, grandes deseos, regalos en forma de guiños y la música que nace de la armonía y la paz.
Así, dejándose empapar sin pensar demasiado, la alegría cala hasta el hueso, y te mira la felicidad a la cara recordándote lo que te puedes perder cada día.
Esos momentos son lo que me guardo en el bolsillo del chocolate y los azucarillos, para que cuando me empeñe en el polo negativo, recuerde que el positivo está más cerca de lo que creo y que sólo es cuestión de mirar con el ojo bueno.
Cómo no, junto al cemento, quien más me quiere y los homenajeados, que con ojos de fuego y sueños te decían que la magia existe y que ellos la estaban viviendo.
El día antes, con más amigos paseando por el Castillo del Rey Sin Nombre, celebrando más alegrías y emociones, entre chuletones, hamburguesas y regalos. Y el de después con él que me ayudó a recoger los restos de la explosión de risas, y que juntos recordamos a los que faltaron.
Prometo volver a intentar construir con ellos, más momentos para llenar con alegría presentes y futuros.
¿Cómo iba a faltar la N1 y el iP5?. El madroño desde la ventana del fondo, los últimos a la luz de las velas, uno de los Pegasos de la Gloria y el hasta el próximo año desde, donde espero encontrarme con tod@s vosot@s. Vaya por delante la invitación, Dios mediante y si el tiempo lo permite.
Gracias a tod@s.
Feliz Luna Nueva.



