La verdad es que no entiendo casi de nada, aunque no me importa confundirme demasiado en alto, porque normalmente tienes al alguien cerca, que si es buena gente te dirá algo y te ayudará a aprender. La otra opción es hacer el ridículo o parecer otra cosa, pero estando en confianza lo mejor ser uno mismo.
Un fado debe ser algo muy triste, y cuando juntas a Mariza y Poveda, bajo el escenario y las luces del maestro Saura, con el baile y la guitarra, la mezcla es «pelo pollo» para el que guste de estos paseos, como es mi caso.
Que bonito es el portugués escuchado así. Aunque hasta el idioma que pueda parecer más basto suena a gloria cuando la voz crea música y se mezclan con los instrumentos afinados a cuatro cientos treinta y dos hertzios. Producen reacciones, fluyen estados, sentimientos y ánimos.
No sabía nada de este tema, hasta que el otro día mis compañeros de sueños de Milenio 3 sacaron el tema. Será o no leyenda, pero es una realidad que de una forma u otra tod@s vibramos, desde la piedra más inanimada, al gong más rotundo. Esas ondas son frecuencias que cortan o se unen a otras en su viaje. Cuando se hacen compañía o se complementan es cuando se presiente lo que se llama armonía…
Si por el contrario, van a distinto son, se producen las estridencias que no somos capaces de apreciar de forma consciente, pero que revolucionan nuestras células, sensaciones y hasta los pensamientos. Chirrían y se lamentan, pero no las escuchamos. Se llaman, interferencias o desfases.
De como esto afecta a nuestro día a día y cuanto de cierto tiene, pues no tengo ni la menor idea, pero si doy la razón a la lógica de estos argumentos. Aunque me surgen dudas, como por ejemplo, ¿si cuando dormimos con un cargador de teléfono a pleno rendimiento en la mesilla, las ondas que emite va en nuestras frecuencia de vibración o complementaria, no afectarían a la salud, sino que además ayudarían a descansar, verdad?.
Pues esto es de lo que os hablo, de mi ignorancia total y absoluta de tantos temas, pero tampoco os voy a negar que eso de afinar a cuatro cientos cuarenta o treinta y dos, hace que la música suene de otra forma. Ahora tu decides que probar.
Pues nada, que gastaba las últimas «Lúas» de estos días atrás para dejar descansar un poco el tema, y os presento al batería de Tequila y la casita del Campo del Moro vista desde sus mismos cristales. Versiones Nikon e iP5 procesadas por el iPad y de viaje al rincón habitual.
Feliz Martes, amigos.



