Lo siguiente fue preparar la cámara. A esas horas, la luz del día y la llegada de la noche coinciden y se mezclan creando unos colores complicados de nombrar: Sensibilidad ISO, diafragma y obturador orquestados por el fotómetro digital tienen trabajo.
Y al final, después de consultar la brújula de nuevo y comprender que algo había fallado en los cálculos, me giro y al lado de la antena, como si fuera la plataforma de lanzamiento de la misión Apollo aparece «Lúa».
No es tan grande como esperaba, pero si brilla como nunca. Me quedo sentado en el banco y veo como va creciendo entre árboles, farolas y nubes.
El sol se está yendo, y conforme van a apareciendo las estrellas Lua sube en el horizonte, y con esa luz mágica crea sombras de sueños y fantasías de paz y amor. Cuanta belleza en un momento, que luz, que milagro reflejando al astro rey. Espejo de almas, sembrada de heridas y cráteres que los milenios han marcado en su cara.
Ya la dejo, le doy la espalda y camino tras mi sombra en busca de la ventana de casa. Aún me queda lo mejor, dormir al lado de mi amada, bañada por la luz de lúa, y abrazados en la noche larga.
Me encanta esta noche, así desperté, extrañado su compañía, aunque me vino a la mente su voz muda, nombrada por Alberti, «Luna mía de ayer, hoy de mi olvido. Ven esta noche a mi, baja a la tierra, y en vez de ser hoy una luna de la guerra, sélo tan sólo de mi amor dormido».
Nikon J1 e iPhone 5, con algo de ayuda de Camera+ y Phototoaster, han guardado este momento que no se volverá a repetir, no como dicen los astrónomos hasta el dos mil y pico largo, sino nunca jamás, porque cada instante es único, y ese es el mayor tesoro de tu tiempo. Decide donde guardarlo, yo he querido que sea aquí, ahora y contigo.
Feliz Semana Amig@s.




