DIA CIEN. Drácula

Me resulta complicado hablar de Drácula, entre otras cosas por la atracción que siento por él. No por el personaje cruel que nos cuenta la historia de «empalador de infieles», sino por el eterno enamorado sediento de amor en forma de sangre. 


Puede que fuera la luna de anoche o el sol de la mañana, el que me recordara la canción y de ahí al pensamiento poco trecho.



Pero también estaba con Ícaro y Dédalo, aunque tampoco es lo que realmente me estaba llegando. Era algo más sencillo, que creo me tocó por la alegría del sentimiento compartido, por ver a los demás emocionarse.



La expulsión de una concursante de un programa de cocina, me arrancó unas cuantas lágrimas que me han dejado «descolocado». Y es que no soy ni de «realities», ni televisión tóxica o por lo menos lo intento, y de repente me enfrento a ese momento: Los de al lado llorando, el presentador entregado, los jueces emocionados y yo a lagrimón perdido. 



Nada como la sencillez de la gente, la humildad, la desvergüenza a decir lo que se siente para que algunos nos dejemos llevar y demos gracias por estar hechos de sangre y corazón.



Nunca sabes si al mirar te vas a encontrar con tu «clic», ese que abre las compuertas de tus sentimientos básicos. Pero tampoco tengas miedo a mirar, porque no hay nada malo en dejar salir lo que llevas dentro, y si puede ser de la forma más sencilla mejor.

La luna y sol del vampiro, dan paso a la luz que se filtra a través del árbol, mientras desde el coche vemos regar el parque y el gorrión mira al sol en su castillo. 

Gracias iP5 y Nikon 1, por ayudarme a compartir pensamientos. Y gracias a vosotros, el principal motivo de que este rincón exista, y los que habéis hecho que lleguemos a «los cien buenos días» y a las diez mil trescientas visitas.

Feliz miércoles Amig@s.