La escena comienza en el coche, camino de la piscina y tratando de capturar a través de la ventana una instantánea de antenas y gorriones. En la radio canta Manolo García y toca Quimi. Sin darnos cuenta estamos perdidos dentro de la canción, poniendo tono y canturreando la letra.
Luego sin saber por qué, aparece la puerta de Ishtar, me viene la portada de un juego para Comodore 64, al que nunca llegué a jugar y del que no tengo ni idea de que iba…
Y así sigo sin entender la fijación en mi frente de los colores de leyenda, con unicornios, toros y dragones. Catorce metros de altura y diez de ancho colocados hace más de dos mil quinientos años por el hombre en Babilonia.
Ya estamos sentado en un banco, esperando en una mañana de sol, donde se ve vida por todos los lados, y me entra sed al ver asomar la «capucha» de la fuente de forja entre lavanda.
Al lado una rosa de color rosa, con tres pulgones y unas gotas de agua salpicadas de la caída de hilo transparente y fresco.
Al final los gorriones aparecen, gorditos y desafiantes a la gravedad. Tienen que agitar mucho sus alas para poder desplazarse, y desde la alambrada un compañero mira atento el vuelo de su hermano.
También estábamos nosotros atentos, Nikon J1 en mano, y como recuerdo de esta mañana, aquí tenéis las imágenes del momento, tras pasar por Webalbums y Phototoaster para iOS.
Escuchad la letra de «lápiz y tinta» y saber que la puerta de Ishtar era azul Lapislázuli, o lo que es lo mismo, «azul bonito», creo que eso es lo que lo fijó a mi recuerdo.
Feliz semana Amig@s.


