DIA OCHENTA Y SIETE. Flauta

Casi todas las noches de verano quedábamos un rato para tocar algo de música. Felipe la guitarra, Peri la acústica, Jesús el bajo, y yo era el flautista. Muchos de esos momentos acababan con un interminable «Loca Hero» que de la emoción se nos iba más allá de la media hora. Que felicidad.


Pues mejor fuera que dentro, porque cuando decides dejarte llevar por lo que no te hace daño y calma tu alma, bien soltado está. Me apetecía compartir las flores que trajeron a mi recuerdo, la música de aquellas cuerdas, porque me regalan la paz que tanto busco…



Una paz que puede que ni sea cuestión de buscar y rebuscar, sino más bien de dejarse llevar en muchas situaciones del día a día, y dejar las batalla para los guerreros. No está bien eso de ser lo que uno no es, al final puedes terminar siendo otro y perderte a ti mismo.



¿Que tiene de malo ser amapola y no parecer rosa?. O ser flor de cardo  que a la luz del sol brilla con la misma intensidad. Al fin y al cabo el azul claro raro no es mejor que el naranja colorado.



Cada uno a los suyo, a tocar el instrumento que elijas, y aunque no lo hagas bien, pon pasión que eso a veces vale más. Yo me quedo con la flauta, y con mi intentos de compartir pensamientos y ofrecerte lo que tengo: Momentos y capturas con música, ayudado por una cámara de fotos y un puntero.

Feliz martes, Herman@s.