Un melón, como un melón y no como el ogro de la peli que se componía de muchas capas como una cebolla..
Pero no por mi perfil del bajo tórax al trasluz, sino por la cáscara permeable que me rodea y esa composición 95% a base de agua que encuentras debajo…
También un poco porque lo mismo un día te salgo pepino, «sinsa», pasado o hasta dulzón. Tengo mis pipas, que secas al sol están hasta buenas con su toque de sal, pero que sí te pasas luego te pica tanto la lengua.
Si me caigo, me rompo, mucho o poco, y me hago daño. Y es que por mucha piel de sapo, amarilla, ceniza o verdosa, siempre lo que hay debajo está ahí, y será de la luz, el agua que la traspase o el lecho donde descansé, lo que dará el toque final sin dobleces a lo que ya conocéis.
Hay días para todo, como cielos de nubes y claros, y noches sin luna pero con estrellas, y así van pasando que es lo bueno, y nos vamos acercando a la estación de los melones.
Por sí no os habéis dado cuenta, es una disculpa por mi errores, y comprendáis lo melón soñador que soy tantas veces.
Feliz viernes, amig@s y sed felices.


