Me contaban una de esas historias que me recuerda nuestro lazo con la Madre Tierra y lo lejos que nos encontramos demasiadas veces de sentirla .
Una tocaya, Francine, emprende viaje a un rincón de Asturias. Después de subir y bajar montes, atravesar bosques, ríos y praderas llenas de vida, acaba en el Corralín (Degaña), una aldea abandonada de «tixileiros».
Allí por las noches, y desde el primer día los lobos la visitan, y dicen que paseando entre las arboledas, los osos se apartan de su camino para que pase. Sin pedir nada, las gentes de la zona, le han ayudado a reconstruir su nueva casa, le llevan comida, y comparten vida con ella.
Llegó enferma y ahora ya está curada. La llaman, el Ángel Francés, o la Xana del Corralín.
Encendí una vela para que me acompañara, y me senté para buscar detalles de la historia. Mientras iP5, captaba la luz con su lente frontal, y Cámera+. Sin retoques, así quedó el momento.
Otro capón más, que me baja a la tierra y me recuerda que el día a día, se construye sobre la sencillez de cada momento.
Feliz día, Herman@s
