DIA VEINTICUATRO. Penélope.

Cuando quise pasar por el torniquete de acceso a la estación, se encendió una lucecita roja, que me venía a decir que pasara por taquilla, así que para allá que me fui. Mientras esperaba, observa una escena que me erizó los pelillos y me arrancó una sonrisa que me hizo sentir muy bien:

Un hombre, mirando al frente y muy digno él, esperaba a alguien. Sin saberlo, ese alguien se acercaba por detrás, y se puso al lado, hasta que le cogió la mano. Al instante su porte firme se convirtió en algo difícil de describir, mientras se confundían abrazos, y besos entre los cabellos de ella y las manos de él. Frágil, dulce, ternura, …

Empezó a sonar Penélope.


Dice el maestro Serrat que es una de las mejores versiones que han hecho de su canción.

Paseando hace unos días, se cruzó en mi memoria el mismo tema y me obligó a buscar en el bolsillo el iP5 para encuadrar el «paso sin guardia» abandonado en medio de una calle. Procamera, junto con Photoaster para iOS, guardaron el recuerdo en la memoria de silicio, sustituyendo química por ceros y unos, y más tarde, viajando en paquetes de datos a través de Flicrk, pasar a Picassa y terminar hoy en este rincón.

Y como tengo la certeza de que estás enamorad@s, ahí va un regalillo para compartir, y el deseo de que no te falte jamás la emoción y el amor en tu corazón. 



Lo del corazón por guardarlo en algún sitio, que ya sabemos que no somos más que química sin explicar del todo.

Feliz día Herman@s.